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Entre el 1 de marzo de 2020 y el 30 de abril de 2021, 2.658 niños y adolescentes perdieron a su mamá, 10.341 perdieron a su papá y 4, a los dos. En total, se trata de 14.117 menores que en la Argentina perdieron a sus cuidadores, si se cuenta también la muerte de un abuelo (533), la de una abuela (577) o la de los 2 (4).

Un total de 13.003 menores de 18 años en la Argentina sufrieron la muerte de un padre, madre o ambos como consecuencia de la pandemia de COVID-19, según las estimaciones de un estudio publicado en la revista científica británica The Lancet, en el que se analizaron datos de 21 naciones, que representan el 76,4% de las muertes por COVID-19 a nivel mundial.

Además de la Argentina, los países incluidos (Brasil, Colombia, Inglaterra y Gales, Francia, Alemania, India, Irán, Italia, Kenia, Malawi, México, Nigeria, Perú, Filipinas, Polonia, Rusia, Sudáfrica, España, Estados Unidos y Zimbabwe) suman más de 1,5 millones de niños afectados de todo el mundo.

La investigación “Estimaciones mínimas mundiales de niños afectados por la orfandad asociada al COVID-19” fue realizada por el Grupo de Referencia Mundial sobre los Niños Afectados por la COVID-19 que integran académicos de la Universidad de Oxford, la Universidad de Harvard, el Imperial College de Londres, y profesionales de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos, el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

 “Utilizamos datos sobre mortalidad y fecundidad para modelar estimaciones mínimas y tasas de muertes relacionadas con la COVID-19 de cuidadores primarios o secundarios de niños menores de 18 años en 21 países. Luego extrapolamos estos cálculos para obtener proyecciones mundiales”, explicaron Susan Hillis y Laura Rawlings, las autoras principales del estudio, en un artículo que publicaron en el sitio web del Banco Mundial.

“Durante los primeros 14 meses de la pandemia, nuestras estimaciones mínimas indican que más de 1 millón de niños sufrieron la muerte de un cuidador primario, incluidos padres o abuelos encargados de la custodia. A este ritmo, un niño queda huérfano cada 12 segundos debido a una muerte relacionada con la COVID-19, y la cifra va en aumento”, advirtieron las especialistas.

Los datos para la Argentina

Los países con tasas de mortalidad de cuidadores primarios de al menos 1 por cada mil niños fueron Perú (10,2 por cada mil niños), Sudáfrica (5,1), México (3,5), Brasil (2,4), Colombia (2,3), Irán (1,7), Estados Unidos (1,5), Argentina (1,1) y Rusia (1,0). Además, durante este mismo período, otro medio millón de niños perdieron a un abuelo o una abuela que los cuidaba y que vivía en su propio hogar.

Para la Argentina, el estudio estima que entre el 1 de marzo de 2020 y el 30 de abril de 2021, 2.658 niños y adolescentes perdieron a su mamá, debido a muertes asociadas al COVID-19; que 10.341 perdieron a su papá y 4, a los dos. Es decir, 13.003 menores de 18 años. En total, se trata de 14.117 menores que en la Argentina perdieron a sus cuidadores, si se cuenta también la muerte de un abuelo (533), la de una abuela (577) o la de los 2 (4).

Cabe mencionar que las causas asociadas al COVID-19 que incluye el estudio van desde la mortalidad por contagio hasta aquellas ocasionadas indirectamente, tales como encierros, restricciones a reuniones y movimiento, así como falta de acceso a la atención de salud y al tratamiento de enfermedades crónicas.

Los riesgos y la necesidad de apoyo

Según el artículo, debido a que la mayoría de las muertes por COVID-19 ocurren entre adultos, no entre niños, la atención se ha centrado, comprensiblemente, en los adultos, pero una consecuencia trágica del alto número de muertes de adultos es que un gran número de niños perdió y puede perder a sus padres y cuidadores, como ocurrió durante las epidemias de VIH-SIDA, Ébola y la Gripe Española, de 1918.

La publicación sostiene, además, que los niños que pierden a sus cuidadores principales tienen mayores riesgos de pobreza, malnutrición, deserción escolar y problemas de salud mental, violencia física, emocional y sexual. Señala que “la orfandad y las muertes de cuidadores son una pandemia oculta resultante de las muertes asociadas a COVID-19” y que “acelerar la distribución equitativa de vacunas es clave para la prevención”.

¿Qué se puede hacer para frenar esta ola de orfandad y apoyar a los niños y sus familias que se ven afectados por la muerte de las personas que los cuidan? Los autores del artículo de The Lancet redactaron una nota sobre políticas para orientar la respuesta.

“​​La estrategia propuesta por nuestro equipo es prevenir la muerte de los cuidadores mediante la administración de vacunas y la atención continua a las medidas de mitigación, las pruebas, el rastreo de contactos y el aislamiento y preparar a las familias extendidas o de acogida para atender a los niños que se quedan sin cuidado parental a fin de evitar la institucionalización de ellos”, explicaron Susan Hillis y Laura Rawlings.

Y agregaron: “También proteger a estos niños de un mayor riesgo de pobreza, vulnerabilidad y violencia, por ejemplo, apoyando a los padres y cuidadores restantes con programas de protección social que tengan en cuenta a los niños y que combinen las transferencias de efectivo con el apoyo a los cuidadores”.

Noticia de: El Litoral (www.ellitoral.com)

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