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Mientras los padres argentinos disponen de apenas dos días de permiso tras el parto, el régimen de maternidad tampoco alcanza el estándar óptimo internacional. La informalidad laboral agrava la situación en la región, dejando a más de la mitad de las mujeres sin cobertura.

El nacimiento de un hijo representa uno de los hitos más significativos en la vida de las personas, siendo los primeros días de crianza un período crítico para el desarrollo del lactante y el fortalecimiento de los vínculos familiares. Sin embargo, el marco regulatorio de la Argentina exhibe un profundo retraso estructural en materia de corresponsabilidad: nuestro país es el que menos días de licencia por paternidad otorga en todo el continente americano, fijando un permiso de tan solo dos días corridos, una cifra que lo ubica en paridad con las legislaciones menos desarrolladas de algunas naciones africanas.

Esta ínfima cantidad de jornadas no solo restringe el derecho del padre a participar activamente del cuidado inicial del recién nacido, sino que además sobrecarga de forma casi exclusiva la totalidad de las tareas físicas y logísticas sobre las madres. La brecha laboral se torna evidente al contrastar las normativas vigentes con el resto de los países vecinos de la región, los cuales han avanzado en reformas legales hacia esquemas más equitativos y modernos.

Maternidad: lejos del estándar óptimo

El panorama respecto de las licencias por maternidad en América Latina también muestra asimetrías severas y deudas pendientes con los organismos internacionales. De acuerdo con los parámetros sugeridos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el piso mínimo recomendado para el descanso pre y postnatal debe ser de 14 semanas, situando el estándar óptimo en 18 semanas o más para resguardar la salud de la persona gestante y el período de lactancia exclusiva.

La realidad continental actual se estructura bajo marcadas desigualdades:

Incumplimiento extendido: Cerca de 18 países de la región otorgan menos de 14 semanas de licencia remunerada, desoyendo las recomendaciones directas de la OIT.

El bloque de vanguardia: Solo cinco países en América Latina y el Caribe —Colombia, Chile, Cuba, Venezuela y Paraguay— alcanzan o superan el umbral óptimo de las 18 semanas (126 días).

La barrera de la informalidad: El acceso efectivo a estos derechos se encuentra condicionado por la precarización del mercado de trabajo. Aproximadamente el 52% de las mujeres trabajadoras en Latinoamérica no están afiliadas al sistema de seguridad social, quedando marginadas de cualquier beneficio legal.

Comparativa por países en la región

Las licencias asignadas a las madres en los principales centros urbanos de Sudamérica y México exponen criterios dispares en su extensión y flexibilidad:

Chile: Supera las 18 semanas y dispone de un postnatal básico de 12 semanas más permisos parentales adicionales extensibles.

Perú: 98 días (14 semanas), además establece descanso remunerado dividido estrictamente en períodos prenatal y postnatal.

Argentina: 90 días corridos (12.5 semanas). Aquí, se pueden distribuir de forma flexible antes y después de la fecha probable de parto.

México: 90 días naturales con distribución pautada por ley en 30 días previos al parto y 60 días posteriores.

Especialistas en derecho laboral y políticas de género insisten en que la flexibilización y ampliación de las licencias — especialmente las de paternidad— dejaron de ser una discusión de bienestar doméstico para transformarse en una urgencia de salud pública y equidad económica, indispensable para reducir la brecha salarial que penaliza a las mujeres en su etapa reproductiva.

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