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Por Marcelo Lezcano, Economista

En estos meses generalmente se define el aumento (si aumento) de las tarifas de transporte público en muchas ciudades del país como así también en Resistencia y Corrientes. Un servicio que se ve encarecido y su baja calidad, las frecuencias de paso son muy bajas en algunas líneas, muy pocas (casi ninguna) tienen aire acondicionado y los precios son el triple en comparación a los pagados en otras áreas del país. 

No sólo eso, hoy al existir otras alternativas como UBER la gente viaja en tramos cortos por tarifas que van entre los $600 a $900 en motos y en auto con precios de entre $3.000 a $5.000. Esos valores, comparado con tarifas de colectivos que van desde $1.300 a $1.900 parece estar totalmente desacoplada de la demanda de los consumidores. Prueba de ello es el aumento imparable de motos en ambas orillas del Paraná. 

El principal problema que plantea el servicio viola todos los principios de la economía. Pues vemos que los municipios otorgan el monopolio absoluto de una línea en particular a una única empresa, por lo cual ya le está garantizando una demanda cautiva significativa, pero no termina ahí encima le asignan un precio al cual cobrar. Un negocio donde hay ingresos establecidos, además sin ninguna competencia en cada línea y no tiene ningún incentivo a prestar un mejor servicio. ¿Qué se puede hacer al respecto? ¿Se puede intentar algo diferente o vamos a repetir los mismos vicios de siempre?. Claramente se necesita cambiar de cuajo el actual sistema de adjudicaciones de líneas por otro donde se incentive la competencia, la búsqueda de mejores prestaciones de servicios y que el consumidor pueda elegir en que empresa le gustaría viajar de acuerdo con el precio y la calidad. Para eso se necesita establecer algunos estándares mínimos de seguridad y calidad de las unidades y que cualquier empresario pueda ingresar al prestar el servicio si tiene el vehículo que cumpla con esos requisitos. 

Los modelos de vehículos deberían tener no más de 15 años de antigüedad y estar técnicamente óptimos (de mínima). A su vez las empresas podrán determinar libremente el precio que desean cobrar, esto dará un incentivo a prestar el servicio de mejor calidad y si el precio es abusivo cualquier otro empresario se dará cuenta que podría ingresar a competir en esa línea particular. Esto permitirá que en el mediano plazo los precios converjan a un valor que a las personas le parezca razonable y a los empresarios le permita cubrir sus costos y obtener un margen de rentabilidad acorde al servicio prestado. Esta nueva implementación, no sólo permitirá la renovación del parque automotor, también debería permitirse la incorporación de vehículos de menor capacidad de transporte para líneas en las que la demanda es baja y las distancias son largas. 

En definitiva, la forma de viajar cambiaría completamente en nuestra zona y sería para mejor. Bien lo decía Albert Einstein: “Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo”.

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