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Por José Viñuela – Ciberperiodista

Ya lo había hecho ayudando a niños enfermos, LITERALMENTE ABANDONADOS a sus suertes por el patético sistema de salud, y también por las obras sociales. Basta recordar la campaña por “Emita” que logró recaudar más de un millón de dólares en pocos días.

Ahora, y mientras nuestros políticos se culpaban unos a otros por Twitter, recaudó más de 150 millones para ayudar a los bomberos de distintos lugares del país.

“Santi” tiene dos cosas fundamentales que los políticos en general, perdieron: empatía y credibilidad. Empatía es la capacidad que tiene una persona de vincularse afectivamente en una realidad ajena a ella, generalmente en los sentimientos de otra persona. Lógicamente sin empatía NO hay credibilidad.

El discurso frío y las promesas falsas de los políticos quedaron fuera de las burbujas de la gente. Las personas solo confían en ciudadanos comunes. A la política le pasó lo mismo que al periodismo. Cuando los periodistas comenzaron a escribir para sus jefes, y no para la gente, comenzó el proceso de traición al pueblo. Hoy el pueblo tiene una “transversalidad informativa”, que logró, muy rápidamente, prescindir de la soberbia de los periodistas de los medios “de siempre”

Maratea hace política. Sus acciones son hechos políticos sin ninguna duda. Todos hacemos política. La política es UNA GRAN HERRAMIENTA, es, en realidad, LA ÚNICA HERRAMIENTA que sacó a los pueblos de las guerras y de las miserias. También fue, en su momento, la que llevó a los pueblos a esas guerras y esas miserias.

Nuestro gran problema es siempre el mismo: NO le damos esa herramienta a la gente correcta.

Todo lo que nos pasa, todos los problemas estructurales graves; la pobreza que nos arrasa, 60% de niños pobres, salud y educación pésimas, corrupción, políticos ricos que responden a intereses de grupos de poder y NO a quienes los votaron. Todo eso no es culpa de la política; es culpa de los políticos.

Lo más grave de todo esto es que; la estructura de los partidos políticos, los poderes ejecutivos, legislativos y judiciales están prácticamente encriptados. Los mismos; los hijos de los mismos, los nietos de los mismos. Estando siempre ellos, no hay chances de que personas con EMPATÍA y CREDIBILIDAD puedan llegar a los lugares desde donde se pueden cambiar las cosan en serio.

No debería existir un Santiago Maratea. Todo debería estar funcionando como en cualquier país normal. Niños enfermos en hospitales públicos de calidad, con los medicamentos necesarios para atenderlos. Bomberos MUY BIEN PAGOS, con el equipamiento y la preparación necesaria.

Ojalá en 50 años tengamos una Argentina en la que los pibes que quieran salir tomar algo, no tengan que quedarse a juntar dinero porque se queman los recursos naturales, la fauna, la flora, y las casas y los bienes de miles de argentino.

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